Prácticamente todo el debate crypto se centra en las criptomonedas y los NFTs, pero es en la confluencia de la tecnología Blockchain y la trazabilidad en el mundo físico donde está la acción importante.

Es el internet de las cosas (IoT) aplicado a las cosas del mundo real. Es decir, la tokenización de objetos reales para su registro y gestión en cadenas de bloques.

Algunas partes del mundo físico se “tokenizan” desde hace ya muchos años, por ejemplo:

– La superficie terrestre, definida por coordenadas en el sistema GPS para asegurar navegación, medición, etc.
– La gestión de lotes en industria y productos de consumo, con fines de trazabilidad.
– En Blockchain determinados activos inmobiliarios, financieros o artísticos mediante NFTs para garantizar autenticidad y propiedad, etc.

En general asignar de forma biunívoca un objeto físico a una Blockchain presenta unos desafíos técnicos (y filosóficos) enormes, ya que la tokenización debería tener en consideración la identificación biunívoca del objeto, así como todas y cada de las transacciones registradas en la base de datos.

Esto implica una función de clave asimétrica en la que la clave privada está biunívocamente ligada al objeto o persona. Y la clave o claves públicas se utilizan para sus anotaciones en la cadena de bloques, de forma similar al funcionamiento de Bitcoin.

Supongamos un objeto cualquiera, por ejemplo una manzana:
– Asignar biunívocamente una clave privada a la manzana.
– Generar tantas claves públicas (tokens) como sea necesario.

No puedes reconstruir la clave privada de la manzana a partir de sus token, pero si puedes comprobar si un token determinado pertenece a nuestra manzana. Este es el principio de las funciones hash o de “una dirección”, y es la base de la tecnología Blockchain.

Hasta ahora la Humanidad ha vivido entre dos mundos separados: el propio de su realidad física 3D, y el tecnológico que se ha creado para si misma, del que Internet y los metaversos son el exponente más claros.

La esencia de la “Cuarta Revolución Industrial” implica la fusión tecnológica de estos dos mundos en uno sólo mediante la tokenización de objetos y personas.

Esto implica claves biométricas asignadas de forma mecánica (chips) o biotecnológica (mediante alteración genética de los individuos). El objetivo último es tanto la automatización como el control.