Un negocio tradicional es un sistema cerrado en sí mismo: solo permite generar valor con arreglo a una cadena de transacciones o etapas. Una plataforma es un sistema abierto en el que -con algunas limitaciones- los concurrentes se benefician de dinámicas de red. Es decir, tiene exponencialmente más valor para los participantes cuantos más sean.

El problema fundamental de las plataformas es que no generan valor con sus primeros usuarios. Adolecen del problema ‘huevo – gallina’, que necesitan resolver. Esta es la verdadera barrera a la entrada que tienen, y la tumba de muchas startups.

Al mismo tiempo deben tener una cierta apertura que permita crear sobre ellas otras formas de generar valor (‘aplicaciones’) de formas no siempre previsibles. Es decir, deben tener algunos grados de libertad; suficientes para que tenga lugar algo de caos creativo en su interior.

El caso del software es el más típico: Linux, OpenBSD, Android, WebKit, Wikipedia, etc. permiten construir modelos de negocio sobre ellas haciendo emerger un ecosistema.

Siempre es mejor partir de un negocio funcionando y migrar a una plataforma que empezar de cero. Sin usuarios no hay masa crítica y sin ella no se generan transacciones. Necesitan partir de un cierto grado de complejidad para poder arrancar y empezar a crecer.