En uno de sus libros, Dostoyevski habla de lo que pasaría en un mundo con pasteles gratis y sexo para todos. La realidad es que la gente lo destruiría para ver algo interesante pasar. La sociedad necesita propósito, y luego pasteles (exactamente al revés de como dice el fraude de la “Pirámide de Maslow”). Esto es muy importante a la hora de valorar los incentives sociales, y el tipo de educación que la gente recibe.

Con pasteles para todos la búsqueda de la comodidad y de la seguridad hacen sociedades conservadoras en el peor sentido de la palabra. Estas actitudes configuran sociedades mediocres. Y por lo tanto con tendencia a empobrecerse. Las sociedades mediocres a su vez engendran más personas cobardes y acomodaticias, en un bucle perverso cuyo destino final e ineludible es la desintegración.