En el anterior artículo comentaba cómo para los bancos la tecnología de Cadena de Bloques o el Bitcoin son algo a tener en cuenta, ya que su función se basa en estar sentados en medio, añadiendo algo de valor y cogiendo un fee por hacerlo. Una parte considerable de ese valor se basa en ayudar a la gente a guardar y mover dinero.

Pero en general, el desarrollo de la tecnología de Cadena de Bloque es malo para cualquiera que viva del ‘negocio de la confianza’. Ahí están las instituciones centralizadas, burocracias, bancos, autoridades gubernamentales, notarios, certificadores, etc. Es decir, todos aquellos grupos en los que se deposita confianza para hacer transacciones.

La clave es la velocidad a la que ocurrirá el cambio. A corto plazo (1 año) siempre se exagera el impacto de cualquier nueva tecnología: los medios, las consultoras, los inversores, etc. siempre se ocupan de magnificar los cambios para hacer negocio o especular. Y lo que está pasando en estos momentos con las criptomonedas no es una excepción. En cambio a largo plazo (10 años) se suele infravalorar el impacto de algo nuevo.

Con la Cadena de Bloques ocurrirá algo parecido. Si no hay un desastre de algún tipo que acelere el proceso (por ejemplo un colapso financiero total), las cosas podrían seguir el mismo patrón de otras tecnologías. Veamos algunos ejemplos:

Napster disrupcionó la industria musical para siempre. Pero fue iTunes quien convirtió esa disrupción en un negocio real. Y luego vino Spotify. Google no inventó los buscadores de Internet ni la publicidad contextual, pero fue el primero que lo convirtió en una industria real.

Por lo tanto lo realista es que la tecnología Blockchain primero cause algunos ‘estragos controlados’. Pero luego alguien se apropiará de al menos una parte de sus ventajas, y conseguirá generar valor (ahora si) para grandes capas de la población, generando una enorme cantidad de beneficio como contrapartida. Estamos hablado más de renovación que de disrupción, más de reforma que de revolución.

Dicho esto, también es cierto que las autoridades han podido combatir los sitios de música pirata porque aún poseían cierto grado de centralización. Pero la Cadena de Bloques funciona como un base de datos compartida o distribuida. Con independencia del lugar de la conexión. Y aunque algunas Cadenas se gestionan de forma centralizada, se trata de algo diferente a cualquier cosa previa.

Al ser la redundancia algo intrínseco a la Cadena de Bloques cada nodo procesa cada cosa, y ninguno resulta crucial. Esta arquitectura la hace resistente a cualquier ataque a alguna de sus partes.

El concepto de red como estructura ‘blindada’ al ataque de una de sus partes es ya un clásico. Por una ironía del destino se inventó en la Unión Soviética por colectivistas que querían funcionar como capitalistas. Pero la primera aplicación real (Internet) ocurrió en Estados Unidos, gracias a capitalistas que querían funcionar como colectivistas.

Por si fuera poco sus contenidos están protegidos criptográficamente, para garantizar la integridad de los datos, y -si es necesario- el anonimato total de las transacciones.

Todo esto la convierte en una tecnología ‘muy cabrona’, mucho más compleja de controlar que las webs de descargas piratas o similares. Una vez que su adopción sea uso masivo sólo se podrá parar apagando Internet, o al menos controlando el acceso a Internet de la población.

Entre las aplicaciones están pagar y cobrar servicios que duran segundos, conocer el destino de cada céntimo recaudado, identidad digital, votar en tiempo real de forma segura, almacenamiento distribuido, cooperativismo digital, seguros distribuidos, países digitales, etc. las aplicaciones posibles dan para muchos comentarios.

El denominador común es siempre que ninguna autoridad central podrá controlar o manipular lo que hacen los participantes en una Cadena de Bloques. Es el concepto de Sociedad en Red llevado hasta sus últimas consecuencias, y soñado por los creadores de Internet hace décadas.

Algunos sostienen que la Cadena de Bloques inducirá el final de los estados-nación anclados al concepto de territorio físico, y una cuarta ‘revolución’ industrial. Si es así (como ha ocurrido en anteriores ocasiones) esta revolución barrerá a la correspondiente ‘aristocracia parasitaria’, representada en estos momentos por las burocracias políticas.