En el último artículo comentaba cómo en las criptomonedas el debate político y el financiero son inseparables. Y cómo antes o después los estados intervendrían en el desarrollo la tecnología Blockchain. Esto ha empezado a ocurrir, y el detonante ha sido el fenómeno de las ICO (siglas de ‘Initial Coin Offering’).

Qué es una ICO y para qué sirve

El objetivo de las ICO es captar financiación, resolviendo un problema fundamental en cualquier nuevo proyecto o startup: los inversores no quieren financiar el ‘gap’ que va desde el valor de usuario al valor de red. Sólo quieren entrar cuando tu negocio ya tiene efectos de red, y además hay beneficios.

Las ICOs permiten financiar una idea hasta llegar a ese punto. Y para ello combinan el concepto de Crowdfunding (tan de moda los últimos años) con la tecnología Blockchain.

Las ICO ponen a la venta activos digitales (denominados “tokens”) que van a formar parte intrínseca del funcionamiento de un negocio. Unen en uno sólo los conceptos de generación de red, funcionamiento sobre tecnología Blockchain, y financiación. Y esto es lo revolucionario del asunto.

Ejemplos de ICOs

Los token sólo tienen un sentido y una función dentro del proyecto en concreto. Son como trozos del propio negocio: unidades de valor aceptadas y consensuadas por los participantes.

Haciendo algunas metáforas podríamos decir que invertir con este sistema es como:

  • Participar en una promoción inmobiliaria comprando pequeños trozos del terreno.
  • Financiar una película que aún no existe comprando entradas para el estreno.
  • Invertir en un casino a cambio de fichas de póker que se usarán en ese casino.
  • Comprar entradas para un nuevo parque de atracciones que aún no se ha construido.
  • Comprar participaciones en una empresa descentralizada que se está constituyendo.

Gracias a la tecnología Blockchain, puedes trocear y repartir a través de Internet la generación de valor de un negocio mediante series de datos criptográficamente únicos (los tokens), y venderlos para captar fondos.

Si el negocio marcha como se espera y hay suficientes compradores, el valor de los ‘token emitidos’ aumenta. Y en este caso pueden llegar a funcionar como dinero (“criptomonedas”), que la gente acepta para comprar y vender. De hecho muchas de las ICOs se plantean directamente como emisión de criptomoneda.

Recordemos que las criptomonedas son información digital, pero no se pueden ‘copiar y pegar’, por tanto (en teoría) su número está controlado, cumpliendo con el principio de escasez, uno de los requisitos del dinero.

Problemas y Precauciones

¡Hasta aquí las buenas noticias!, ahora vamos a repasar algunos aspectos no tan felices que se deben tener en cuenta.

Aunque se pueden vender a terceros, los token NO son acciones de un negocio, ni son deuda. Los token son parte del sistema productivo de una empresa que ha decidido descentralizar su funcionamiento.

Pero (en la mayoría de los casos) la propiedad de estos proyectos o startups es la de toda la vida: capital privado en manos de accionistas privados, con derecho a recibir rendimientos extractivos sobre la plataforma (véase el caso de Airbnb o Uber).

Por otra parte, lo habitual es que los token no dan derecho al cobro de dividendos ni de intereses. Y aunque recientemente están apareciendo soluciones para vincular la recaudación a la aplicación de los fondos, con las ICOs no hay controles de dónde ni cómo se invierte el dinero que se recauda.

La falta de regulación y de experiencia del público en tecnología Blockchain convierte a las ICOs en “territorio comanche”: lo mismo puedes dar con una mina de oro, que perder la cabellera sin posibilidad de recuperar nada de lo invertido.

Muchos proyectos son legítimos y totalmente transparentes. Otros quieren aprovechar la falta de regulación para sacar partido del asunto, y tienen ofertas más o menos interesantes. Y otros muchos son básicamente estafas.

En los ejemplos de más arriba nada garantiza legalmente que la aerolínea, o la promoción inmobiliaria lleguen ser una realidad, las fichas de póker sólo sirven si se construye el casino (no sirven para otro casino), y el estreno sólo tiene lugar si se hace la película.

Por lo tanto todo va bien mientras haya una red de participantes en la Blockchain de ese negocio que validan el concepto. Y un mercado en el que venderlos a quien los quiera comprar.

De la Burbuja al Futuro

En mi opinión la mayoría de las ICO planteadas hasta ahora fracasarán, por un problema fundamental: no todos los negocios son susceptibles de ser soportados en su core por una Blockchain, y algunos ni siquiera en sus aspectos secundarios.

El motivo de la eclosión exitosa de las ICOs es que ha entrado gente nueva en el sector crypto que viene del marketing y de las ventas. Y al existir tecnologías que facilitan la tokenización de cualquier cosa, han sido capaces sin apenas conocimientos técnicos realizar el producto que promocionan, y un montón de ICOs. En apenas 1 año se ha generado un ecosistema completo de emprendedores, desarrolladores, inversores, etc. Es sólo cuestión de tiempo que mucha gente se sienta defraudada.

Pero Internet también tuvo su burbuja en sus comienzos. Y existen muchos modelos de negocio actuales y futuros con naturaleza intrínsecamente de red (por ejemplo marketplaces). Y esta tecnología les facilitará reinventar una buena parte de la economía.

La tecnología seguirá acelerándose, pero su aplicación práctica en el día a día de las personas será más lento de lo que se está prometiendo. En cambio como he dicho antes, a largo plazo (10 años) si se producirán cambios revolucionarios.

La clave es saber diferenciar y armar las blockchain con posibilidades de conseguir efectos de red y generación de valor. Y hacerse algunas preguntas básicas: ¿es el protocolo valioso?, ¿tiene sentido usarlo como una forma de compartir y transmitir información?, ¿cómo escala? ¿tiene sentido el token que se ofrece para participar? ¿tiene sentido económico? ¿es escaso o sujeto a inflación?, etc.

En el próximo artículo comentaré el escenario regulatorio desigual que están planteando los Estados. Y cómo (al igual que otras tecnologías) la tecnología Blockchain está alcanzando “velocidad de escape”, al hacer que las nuevas regulaciones fracasen por ir siempre detrás de la innovación que buscan regular.