Podrías ver a cualquier niño como un Buda pequeñito, o un maestro Zen que ha caído en paracaídas en tu vida, cuyas acciones y presencia van a tocar todos y cada uno de tus botones, y a retar cada creencia y apego que tienes.

Cada niño vive en un jardín en donde todo se percibe y siente directamente, sin el velo de del pensamiento. Libre de creencias, interpretaciones y juicios.

Caes de la gracia cuando empiezas a pensar y te conviertes en conocedor y ‘nombrador’ con el lenguaje. El nacimiento de la mente es la muerte de los sentidos, la expulsión del Paraíso.