La clave es “controlar” la transición tecnológica de forma que en el mundo resultante sean los mismos los que controlan todo, en lugar de no poder seguir parasitando a la Humanidad e irse por el desagüe de la historia.

La tecnología es sólo una herramienta, y como tal puede ser utilizada para fines completamente opuestos:

1) Para esclavizar a las personas: controlando sus opiniones y movimientos, y convertir sus cuerpos en una especie de “sistema operativo” integrado en un internet de personas y para el que se venden los parches correspondientes.
2) Para liberar a las personas: privacidad, educación, propiedad, comercio, responsabilidad, pertenencia voluntaria al Estado, el derecho natural, etc.

Que en unos pocos años millones de personas sean capaces de transicionar al punto 2 no pasa desapercibido a los verdaderos dueños del planeta. Nada más oportuno que una crisis sistémica en la que los esclavos (la gente) vean como necesario no sólo optar ellos por la primera solución, sino obligar a todos los demás a hacerlo.

Por eso se dice mucho que esta guerra no va de bombas y destrucción de ciudades. El frente en el que se libra esta guerra es para conquistar y defender el último reducto de soberanía en el que cada uno aún tiene la última palabra: qué hacer con su cuerpo y con su conciencia.