El concepto de “estar preparado” que tanto resonaba hasta mi generación definía el aprendizaje como una acumulación de conocimientos. Esto era el planteamiento Enciclopédico que está cumpliendo ahora 250 años.

Internet es el principio del fin para este concepto. En la red estás a un clic de cualquier dato, o conocimiento que quieras consultar. La fiabilidad depende de la fuente, pero la esencia del fenómeno es lo importante.

Una vez que todo el conocimiento está online el valor añadido se desplaza de acumularlo, a hacer cosas con él. Del aprendizaje académico al desarrollo de “skills”, es decir, del saber al hacer.

De ahí la creciente importancia de la creatividad. Crear ideas y tecnologías nuevas a partir de cosas pre-existentes, de forma que aporten valor. Tu cabeza es para tener ideas, no para guardarlas.

Por eso tampoco vivimos en una “economía del conocimiento”. El conocimiento vale menos que las ideas para ponerlo en práctica.

Al igual que ocurre con la formación, muchos otros paradigmas de hace 250 años están quedando rápidamente obsoletos sin que estos cambios terminen de calar en la sociedad. Y sin que ésta se encuentre preparada a nivel filosófico e intelectual para la llegada de la Inteligencia Artificial.