Hace años que algunos dábamos por hecho que habría regulación para todo el mundo de las criptomonedas. De una forma u otra los gobiernos y sus verdaderos amos (los organismos internacionales) tratarían de adelantarse a los acontecimientos creando ellos mismos sus propias monedas electrónicas.

Poca gente es realmente consciente de lo que implica dinero electrónico controlado de forma centralizada por los gobiernos. Junto con el de la salud o la información es uno de los pilares del estado orweliano que nos preparan hace mucho.

Para introducir alternativas a Bitcoin, y una vez terminado con éxito el experimento el sistema pondrá a toda máquina su potencia represora mediante la cultura, los medios, la fiscalidad, etc.

Por eso volveremos a oir hablar de ‘atentados financiados con bitcoins’, evasión fiscal por culpa de las criptomonedas, etc. Al igual que ocurre con la salud la sociedad se dividirá entre una minoría que defenderá su derecho a tener privacidad y una mayoría convertida en un arma contra contra los primeros, a la que se adoctrinará en que la “privacidad es algo propio de delincuentes”.

En mi opinión los bancos centrales lanzarán sus propias monedas. Pero el afán de control y el ego de estas personas les hará fracasar en lo esencial: desarrollar los ecosistemas que plataformas como Bitcoin o Ethereum ya tienen. Sin esos ecosistemas las plataformas resultarán frágiles y vulnerables a los ataques de todo tipo de hackers. Pero esto de momento es sólo una teoría.