Aunque la tecnología Blockchain pueda parecer compleja, esencialmente se basa en el concepto central a todo tipo de negocio: construir confianza. La confianza no es gratuita, lleva tiempo y esfuerzo a cualquier organización construir las relaciones necesarias para que un negocio funcione. Se necesita interacción humana y sistemas de control caros de mantener. Estos sistemas al crecer paulatinamente van haciendo al conjunto más ineficiente.

La tecnología de Blockchain hace de la confianza algo inherente al producto, y se planteó como una alternativa a un sistema cada vez más obsesionado con el control y la intervención burocrática.

Cualquiera puede verificar que cualquier transacción ha sido incorporada a la cadena. Es completamente transparente, y relativamente anónima. Un sistema cuya prueba de facto reside en las matemáticas es un sistema (teóricamente) barato de hacer funcionar.

Pero la paradoja es que en el caso de Bitcoin la ineficiencia es intrínseca al sistema: construir confianza requiere de cada vez mayor energía. Y sólo los jugadores con mayores recursos son capaces de participar en su minería.

Desde el principio Bitcoin estaba condenado a caer en los mismos vicios que el problema que pretendía solucionar, especialmente desde que la banda de Wall Street lo convirtió en otro esquema Ponzi bajo el epígrafe de “almacén de valor”. Bitcoin ha sido un experimento que ha triunfado en el marketing, pero fracasado en lo social y en lo técnico.