Hasta hace relativamente poco toda la literatura se focalizaba en la ética del carácter como básico para el éxito: integridad, humildad, fidelidad, templanza, coraje, justicia, paciencia, industria, simplicidad, modestia, todo ello eran reglas doradas para una vida efectiva y que debían incorporarse en sus vidas.

Pero después de la II Guerra Mundial, empieza a mutar hacia la ética de la personalidad: el éxito empezó a venir más como función de la personalidad, de la imagen pública, de las actitudes, comportamientos, capacidades, técnicas que lubrican las interacciones humanas.