Los anarco-capitalistas creen que el Gobierno es un mal no necesario, creen que la pertenencia a cualquier sociedad debe ser voluntaria.

Y que el uso de la fuerza, la coacción y del adoctrinamiento hace ilegítimos conceptos como los impuestos directos, que son básicamente un robo. Un robo que además se utiliza para financiar burocracias gigantescas al estilo comunista, pagar favores, parcelar a la sociedad en grupos clientelares, o financiar guerras (que son asesinatos legales).

Es interesante pensar en las posibilidades de un partido anarco-capitalista entre colectivos como los autónomos en España y otros países del entorno: un colectivo tratado sistemáticamente a patadas por todas las Administraciones por falta de capacidad de lobby.

Este tema merece tratamiento aparte, ya que la forma de dicho movimiento no debería ser la de un partido al uso (que sería inmediatamente aniquilado por el sistema), sino la de una plataforma tecnológica descentralizada de “resistencia y salvación”.