Alfred Weber formuló una teoría de la localización industrial en la que una industria se localiza donde los costes de transporte de las materias primas y el producto final son mínimos.

Weber señaló como caso especial la industrialización en los países protestantes, que atiende a criterios geográficos y de recursos. Es decir, el Norte de Europa por su clima frío no fue competitivo ni pudo desarrollarse hasta la revolución del carbón y del acero.

Estar cerca de fuentes de energía abundantes y baratas es clave para el desarrollo económico. Una vez que estas fuentes de energía suplementarias fueron incorporadas, el norte se desarrolló y el sur se rezagó. Y este es un fenómeno que no tiene nada que ver motivos religiosos ni culturales, como siempre les gusta explicar a los “intelectuales”.